lunes, 9 de abril de 2012

#Tornados el problema del registro

Las recientes declaraciones del Ministro de Planificación Federal, Julio de Vido (en la que mostró una foto de un tornado de 2010) se suman al debate entre si fue o no un tornado lo del miércoles pasado. Mi posición es que las autoridades deberían trabajar para restablecer los servicios públicos. Y dejar a los científicos que hagan su trabajo. Dad al César lo que es del César...

Si fue o no fue un tornado, es muy difícil saberlo. De hecho, algunos especialistas están tratando de determinarlo, a partir de los daños, porque todavía no se encontró registro audiovisual que certifique un embudo bajando de una nube. Tampoco hay testigos que afirmen haber visto tal cosa. Pudo haber sido un (uno o varios) F1, que no levantan autos, pero sí arrastran árboles; o un F2 que los arranca de cuajo y los arrastra unas cuadras, dobla carteles, etc. Un F3 ya puede levantar personas, vacas y autos. Pero, por el momento, no lo sabemos. Y, repito, poco importa ahora.

¿Se pueden predecir? No. A lo sumo, uno puede intuir una trayectoria tentativa, una vez que lo está viendo, pero los tornados son sumamente erráticos. Es como querer predecir un terremoto. No se puede... todavía. A diferencia de los huracanes, que abarcan 200 kilómetros de ancho y, por ende, pueden visualizarse a través de imágenes satelitales, los tornados son fenómenos tan pero tan localizados que no pueden verse (todavía) a través de ninguna tecnología, salvo el ojo humano y un radar Doppler de corto alcance y posicionado oportunamente (en el lugar y tiempo indicados).

Esto hace que el registro de este tipo de fenómenos todavía dependa 100% de la presencia humana en el área. Así, en EEUU hay mayor cantidad de registros, a pesar de que en Argentina tenemos las tormentas más violentas del mundo, según la Sociedad Meteorológica Americana. Y esto es porque el campo yanqui está más poblado que el nuestro; ergo, hay más registros (el proceso de colonización estadounidense fue distinto que el nuestro, que creó enormes latifundios deshabitados; yo siempre repito que, en Argentina, más que la conquista del desierto fue la creación del desierto).

Quince tornados que recorrieron 150 kilómetros de pampa vacía no sólo no figuran en ningún diario sino que, todavía, no pueden tener ninguna entidad ontológica: simplemente no existieron. Si otro tornado arrasó el rancho de un peón en el sur de Santa Fe, sólo existirá para ese peón rural. Entonces, se entiende por qué un tornado (o posible tornado) que arrasa la mismísima Capital Federal y AMBA (Ituzaingó, Castelar, Morón, Mataderos, Soldati, Boedo, Parque Patricios, etc.) es trending topic en Twitter y puede escalar en la agenda nacional.

Este sábado recorrí algunas zonas afectadas y los vecinos, sin luz ni agua, estaban cortando la Av. Gral. Paz y el Camino Negro, que sigue cortado hasta ahora. Tardamos 3 horas en llegar a Lomas de Zamora. Un tornado que se acerca a la Capital es mucho más que una catástrofe climática: se convierte en un hecho político.

Además de poblar la pampa de radares (y de gente capacitada para manejarlos), conviene hacer las inspecciones necesarias para que se realicen construcciones más robustas y se poden los árboles añosos (como ya empezaron a hacer en la Ciudad, hace un par de años).

Pero volvamos a las diferencias con otros fenómenos meteorológicos. A diferencia de un huracán, que tiene un ciclo de vida mucho más largo (dura días o semanas), un tornado puede durar segundos o minutos, muy rara vez excede la hora. Esto vuelve a dificultar el registro. Aparte, la mayoría ocurre de noche (cuando la tierra quedó cargada del calor de todo el día), lo que los torna más peligrosos porque uno no puede ver venir el remolino acercándose hasta que lo tiene encima.

Otra complicación: puede haber muchos testigos, puede haber muchos y variados relatos orales, pero poca apoyatura audiovisual y/o fotográfica. Y tiene su lógica: en el momento de la catástrofe, uno primero busca protección y recién después puede ir o no en busca de una cámara de fotos para tratar de registrar. Y no siempre es fácil: el viento, la lluvia y los escombros suelen dificultar aún más la tarea. Por eso, la gran mayoría de los registros audiovisuales son ex post, es decir, después de que el tornado ya pasó. De hecho, en nuestro país, el estudio de los tornados es, todavía, exclusivamente ex post.

Relativamente, la meteorología es una ciencia joven y el estudio de los tornados mucho más aún, por lo que todavía se sabe poco, muy poco: no se sabe cómo se forman, ni cuándo, ni (casi) nada. Mi intuición es que vamos a ver más fenómenos de este tipo en Argentina, pero no necesariamente porque "esté cambiando el clima" ni por el "calentamiento global". Simplemente porque se están multiplicando los (posibles) testigos y, por ende, los registros:  las ciudades crecen, los suburbios se extienden, hay cada vez más gente, que viaja, se traslada,... ergo, más posibilidades de avistamiento. También habrá mayor cantidad de registros audiovisuales: el abaratamiento y popularización de las camaritas digitales hace que cada vez más gente suba fotos y vídeos caseros a YouTube, por ejemplo. Todo esto hará que contemos más tornados que antes.

Otro problema (y aquí tal vez podría ayudarme Pato) es que, luego de la catástrofe, la gente común tiende a esperar lo peor (nuevamente) y comienzan a relacionar la palabra "tormenta" a la ocasión en que volaron chapas y llovieron árboles. ¿Cómo se cambia eso? ¿Ribotril para todos y todas?

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